
Ella laboraba en uno de los Ministerios, acostumbraba a tratar a la gente de señor y señora. Se le ocurrió llamarme, al teléfono de casa. Contestó mi hermana.
-Alo, buenos días
-buenos días; se encontrará el señor Marco Calderón
-no, debe estar en la U, algún recado?
-no, le llamaré más tarde.
Cuando llegó la hora de almuerzo, me lo dijeron entre risas y burlas. Causó extrañeza que llamaran SEÑOR. A mí también, de algún modo me agradó mucho. Esa palabra me hizo sentir mayor.
Me llamaba y la llamaba por las noches. Solíamos amanecer dialogando. Cantaban los gallos y ahí, los auriculares calientes, no faltando la ocasión en que alguno caía dormido. Siempre decía que me iba a proteger, que me faltaba mundo, que era fácil de engañar, que debiera tener cuidado.
Ingreso en mi vida diciendo que no estaba con nadie, que estaba libre. Siempre me sentía “más” con ella, en mi mente estaba: “me siento señor con ella”; además, ella, casi siempre vestía en terno. Se me hacía singular entre las mujeres.
Yo, le llamaba cada mañana para desearle un bello día, sonreía, siempre sonreía; Ella, algunas veces desviaba su trayecto, me daba unos minutos, me hacía feliz. Yo, escribía poemas en su honor; ella, los enmarcaba. Yo, la llamaba a medio día; ella, al salir. Yo, la recogía; ella tomaba mi mano.
No quería llevarme a su casa. No porfiaba, se hacía bueno ir por partes, de a poco. Intentaba mostrar su mal genio, encantado no lo percibía.
Al segundo mes me llevó a su casa, primero a su puerta, a su sala, a su pieza... día a día, siempre un poco más; y cada vez hasta más tarde. Zona campestre.
Al tercer mes, la noto cambiada, por momentos llorosa, con penas que no soltaba. Estoy bien, no me dejes-decía. Hasta que llega el momento en que creo no pudo más. No me lo dijo en voz, envió un e-mail. Lo leíste-preguntó. Intriga total. No – le respondí. Después de leerlo no querrás seguir conmigo. Y la dejé ahí, triste.
¿Qué puede ser?
La quería mucho, pesimistamente pensaba que podría estar embarazada, de su ex; y aún así, retumbaba en mi mente ME DEJARÁS DESPUÉS DE LEERLO. Y no quería hacerlo. Lo asumiré- pensaba. Hasta un desliz lo habría soportado. No imaginaba ser sustituido por otro.
Comienza a manifestarse la madurez
Albert Einstein
El e-mail, sintéticamente decía:
Qué había vuelto con su ex, tres meses después de su ruptura. Él no sabía de mi existencia. Que no me engaño, que el cariño por mí creció de un modo inesperado, no pensado, ni planeado. Que era escape a su pena. Que no quería hacer daño a ninguno de los dos, Que no creyó estar en esa situación jamás.
Finalmente remato con una frase que pulula siempre en mi mente:
Cuando estoy contigo,pienso en él.
Cuando estoy con él, te extraño a ti.
No quise alejarme de ella, pero sus tristezas y pesares se me hacían insoportables. La dejé ir; ni ella, ni yo merecíamos esas penas constantes...
6 años después, todo se vuelve recuerdo y nada más.
El amor por la fuerza nada vale,
la fuerza sin amor es energía gastada en vano.
Albert Einstein